Archive for Octubre, 2006

Donde bailar el tango en Granada

En Granada uno de los mejores sitios para bailar tango se llama “La Tertulia” (se encuentra en Pintor López Mezquita 3, 18002).

 

Alli Marta y Manuel imparten sus lecciones de tango los martes, y podras disfrutar disfrutar de sus clases.

El tango ya es un clásico, y mundialmente es considerado el mejor baile de salón de todos los tiempos.

 

SI QUEREIS BAILAR Y NO SABEIS MUY BIEN A DONDE DIRIGIOS MANDARME UN CORREO A marc103es@yahoo.com y yo os informare de todo.

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2 comments Octubre 25th, 2006

Julio Sosa, el varón del Tango

Julio María Sosa Venturini nació en Uruguay en 1926 y falleció trágicamente en plena juventud y esplendor, tras un accidente automovilístico que sufrió en Buenos Aires a los 38 años. Es recordado como un destacado cantor de tangos, escritor y actor en tiempos en que el tango era dejado de lado por otros géneros musicales. Su personalidad y voz recia eran amadas por el público. Una multitud presenció el último adiós a “el varón del tango”, uno de los más grandes intérpretes de la música rioplatense.

“Varón”, dijo la partera

“Nos faltó de todo pero el amor de los viejos nunca se hizo esperar”

El 2 de febrero de 1926 en la ciudad uruguaya de Las Piedras, Departamento de Canelones, llegó al mundo Julio Sosa en un hogar muy pobre y humilde, donde faltaban muchas cosas, menos el cariño y el amor. Su familia era de gente honrada y trabajadora: Luciano Sosa, el padre, era peón de campo y su adorada madre Ana María Venturini, lavandera.

En su ciudad natal realizó los estudios primarios, aunque con ciertas intermitencias puesto que la dura realidad familiar lo obligó a trabaiar desde temprana edad, realizando distintas actividades: supo ganarse la vida como lustrabotas, repartidor de farmacia, vendedor de rifas, canillita, vendedor ambulante, podador municipal de árboles, lavador de vagones, guarda, cobrador en transportes públicos, y durante su adolescencia también llegó a ser marinero de segunda en la aviación naval, carrera en la cual duró muy poco por no poder resistir su severidad. Durante su época de canillita solía leer con gran entusiasmo revistas populares de música que traían letras de tangos que el joven Julio fijaba rápidamente en su memoria.

Una pasión por el tango

“Para quererte nací”

Todo lo realizado para ganarse la vida no le impidió a Julio desarrollar su verdadera vocación: el tango, al que entregó la vida y el alma. En 1942 comenzó a recorrer cafés cantando como aficionado, entre ellos el Café “Luces de Canelón Chico”, en Montevideo. Tras ganar un concurso de tango se inició como vocalista en la orquesta de Carlos Gilardoni y formó parte de las agrupaciones de Epifanio Chaín, Hugo Di Carlo, Edelmiro “Toto” D’Amario como así también de la de Luis Caruso, con quien en 1948 realizó sus primeras grabaciones para el sello Sondor, que fueron cinco en total, entre ellas “Sur” y “La última copa”.

El 15 de junio de 1949, con 23 años, llegó a Buenos Aires. Lo primero que hizo allí fue tomar un taxi para dirigirse hacia una dirección que traía anotada desde su país natal. Durante el viaje Julio entusiasmado fue contándole su historia al chofer, quien al conocer que se trataba de su primer viaje a la Argentina y para probar suerte como cantor, gentilmente lo llevó a recorrer los distintos lugares de la ciudad y una vez en destino no quiso cobrarle. Años más tarde, cuando ya era un cantante de gran fama, durante un programa televisivo, el agradecido Julio Sosa, hizo un llamamiento hacia aquel taximetrero que tanto lo ayudó en sus primeros tiempos, aunque lamentablemente nunca apareció.

En Buenos Aires integró distintas orquestas con las cuales se presentó en radio, bailes y fiestas. Cantó inicialmente en el café “Los Andes” del barrio de la Chacarita, acompañado por las guitarras de Cortese y Fontana y permaneció por un corto tiempo en la agrupación de Joaquín Do Reyes. Después se integró a la orquesta formada por Enrique Mario Francini y Armando Pontier. A ellos llegó gracias al periodista y letrista Raúl Hormaza, que fascinado con las grabaciones realizadas en Uruguay por Julio Sosa, después de conocerlo lo presentó a estos grandes músicos que buscaban otro cantante en su agrupación. De aquel primer encuentro entre Hormaza y Sosa, llevado a cabo en la confitería Nobel, se comenta que el periodista le había dicho que iría vestido con un traje azul cruzado con rayitas blancas para que el cantante pudiera reconocerlo, dado que no se conocían personalmente. Pero cuando Sosa llegó al lugar se sorprendió al ver que la mayoría de los presentes lucía tal vestimenta, muy de moda en los años ’40. Frente a tal situación el ocurrente cantor no dudo en subirse a una de las mesas y a los gritos preguntó cuál de los asistentes era Hormaza.

Así, con Francini y Pontier realizó -el 1 de abril de 1949- su primera presentación en la boite “Picadilly”, de la famosa avenida Corrientes, momento a partir del cual logró consolidar su prestigio como vocalista y mejorar su situación económica y grabó distintos temas como: “El ciruja”, “Dicen que dicen”, “Viejo smoking”, “Por seguidora y por fiel” y “Olvidao”. También realizó presentaciones en Radio El Mundo y en salas tanto de la capital como del interior de la Argentina.

Más tarde se incorporó a la orquesta de Francisco Rotundo (1953), realizando junto a ella grabaciones memorables para la compañía Odeón, como es el caso de “Justo el 31″, “Bien bohemio”, “Mala suerte”, “Levantar la frente” y ” Dios te salve m’hijo”. En 1955 ingresó en la agrupación de Pontier , ya alejado de Francini, y grabó para la Victor y Columbia. Entre los clásicos de Sosa de ese momento de su carrera, cuando ya era un cantante de gran popularidad en Buenos Aires, se destacan: “La gayola”, “¡Quién hubiera dicho!”, “Padrino pelao”, “Martingala”, “Abuelito”, “Camouflage”, “Enfundá la mandolina”, “Tengo miedo”, “Brindis de sangre” o “No te apures”, “Llorando la carta”, “Margó”, “El rosal de los cerros”, “Carablanca” y “Cambalache”, el más que famoso tango de Discépolo que con su grabación volvió a instalarlo en el gusto popular.

Fue en 1958 cuando el artista se independizó, bajo la dirección y con los arreglos del bandoneonista Leopoldo Federico. Así, el popular cantante formó su propia agrupación, con la cual logró lucirse, dado que el virtuoso músico se adaptó especialmente a su estilo. Con esta orquesta comenzó a grabar en 1961 para la Columbia, cuyo titular del departamento de prensa y promoción, el periodista Ricardo Gaspari, fue quien por su canto recio y su voz tan masculina le puso “El varón del Tango”, apodo por el cual se lo conoció y se lo conoce actualmente, siendo ese el mismo nombre que lleva su primer larga duración. Para este mismo sello discográfico y con compañía de las guitarras de Héctor Arbelo también grabó un repertorio criollo, donde no faltaron valses y zambas.

“El varón del tango” fue el último cantor a la vieja usanza que se caracterizó por su carácter extrovertido, un fuerte temperamento, registros graves y una gran capacidad para adaptarse fácilmente al humor o al drama, moldeado por la rudeza de las circunstancias que le tocaron vivir. Desarrolló un estilo muy personal e inconfundible, de gran influencia y que supo cosechar una multitud de seguidores.

El repertorio de Sosa contó con muchas de las canciones que interpretaba Gardel, junto con temas de los ’40 y revitalizados viejos éxitos de los ’20. Rescató al típico personaje de tangos, el macho de los suburbios que sufre sin lamentarse y cuyas características primordiales son la melancolía, el honor y la virilidad, como es el caso de “Tarde”, “La Gayola” y “Amurado”, entre muchos otros. Aunque, por otro lado, la veta humorística no fue dejada de lado y en gran cantidad de sus tangos dejó traducir su gran sentido del humor y simpatía: tal es el caso de “Enfunda la mandolina”, “Amurado”, de gran éxito y “Padrino Pelado”, tango de 1930 que lo recreó al grabarlo en 1955, imitando en su interpretación a un italiano hablando en “cocoliche”.

Julio Sosa grabó una gran cantidad de discos que resultaron muy exitosos en popularidad y ventas y sus presentaciones reunían multitudes, aspecto que resultaba totalmente impensable para un intérprete de tango en aquellos días cuando la música ciudadana pasaba por un momento no muy feliz, dado el pleno auge de la llamada “nueva ola” que junto con otros géneros, ponían en jaque a la música ciudadana pero gracias a él, su estilo y la potencia de su voz, el tango logró recuperarse de la caída que venía padeciendo desde mediados de los años ’50.

Pese a destacarse y triunfar como cantor de tangos también mostró interés por desarrollar otros aspectos artísticos: como poeta, en 1960 con la publicación de su único libro, “Dos horas antes del alba”; como letrista de un tango: “Seis años”, con música de Edelmiro D’Amario; también como actor de cine, dado que participó en la película de Hugo del Carril “Buenas Noches, Buenos Aires”, en 1964 donde interpretó y bailó “El firulete”, milonga de Taboada y Mores, una de sus más exitosas y reconocidas interpretaciones, en esta ocasión junto con la actriz y cantante Beba Bidart.

Una muerte prematura

“Sus ojos se cerraron”

Fanático con locura de los automóviles y de la velocidad, Julio Sosa sufrió varios accidentes al volante; el último de ellos resultó fatal. La madrugada del 25 de noviembre de 1964 en la esquina de la avenida Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla, en el porteño barrio de Palermo Chico embistió una baliza de señalización con su DKW Fisore rojo. Fue internado pero su cuadro fue irreversible y falleció el 26 por la mañana, cuando contaba con sólo 38 años.

La masiva concurrencia al velatorio de “el Varón del Tango”, quien se encontraba en su momento de mayor esplendor y con una gran carrera por delante, forzó que la despedida del ídolo terminara realizándose en el famoso Luna Park, estadio de box de gran capacidad donde también fuera velado Carlos Gardel. Una innumerable cantidad de personas pasó por allí a darle el último adiós a su ídolo, aquel que con su canto unió la región rioplatense. Curiosamente, apenas un día antes del trágico accidente, durante su última presentación radial, interpretó el tango “La gayola”, que en una parte de su letra reza: “pa’ que no me falten flores cuando esté dentro ‘el cajón”.

Fue llorado por todo un pueblo y es hasta el día de hoy recordado y homenajeado como lo que fue: una figura ineludible, una verdadera insignia en la historia del tango, uno de los más grandes intérpretes de la música ciudadana de todos los tiempos que a pesar de su temprana desaparición, su impronta seguirá siempre presente en sus discos y en los corazones de quienes lo amaron, aman y amaran.

Extraido de abctango

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El baile

En las dos primeras décadas del siglo XX, el tango triunfó en clubes nocturnos de París (Francia), otros países latinoamericanos (especialmente Colombia y Centroamérica) y luego en Nueva York, a donde lo introdujeron bailarines de las clases altas que por esnobismo solían frecuentar los sitios en donde se practicaba en Buenos Aires. El tango comenzó a bailarse entonces en locales nocturnos de sus ciudades de nacimiento y rápidamente pasó a salones populares.

Hasta mediados del siglo XX, se bailaba indistintamente en cabarés de lujo y en las llamadas «milongas», pistas habilitadas en clubes barriales y suburbanos de Buenos Aires, Rosario (Argentina) y Montevideo (Uruguay).

En Medellín, Colombia, la ciudad en donde murió el máximo representante del género en 1935, Carlos Gardel, el tango se convirtió en eje cultural del barrio Guayaquil. Los buenos bailarines eran ampliamente conocidos y celebrados en las milongas que frecuentaban y sus nombres solían trascender incluso en otras, más alejadas, y en todo el llamado «ambiente de tango».

La fama internacional de esta danza y la posibilidad de ser presentada en shows mundiales dieron lugar a que se desarrollaran coreografías más audaces, con exigencias mayores y figuras gimnásticas y de la danza clásica que los bailarines de las milongas solían desdeñar. El tango dejó casi de bailarse a partir de los años sesenta en Buenos Aires. Pervivieron algunas milongas. Sin embargo, en los años noventa recibió un nuevo impulso de practicantes jóvenes y volvieron a abrirse numerosos locales en Buenos Aires, promovida turísticamente como la Capital del Tango.

Se distingue actualmente entre el «tango de escenario» y el «tango de salón», o de pista. Este último es el que bailan los tangueros no profesionales. En Buenos Aires, se realiza anualmente un torneo internacional de tango, que se divide entre esas dos categorías y al que asisten participantes de los países europeos centrales, los nórdicos, Estados Unidos, Corea y Japón, entre otros. Una de las parejas de tango más elogiadas, que practicaba el tango de salón aunque profesionalmente, fue la que integraron Juan Carlos Copes y María Nieves, que actuó en muchos escenarios internacionales. Otros célebres bailarines de tango que trascendieron las pistas de las milongas fueron Benito Bianquet (llamado El Cachafaz) y Jorge Orcaizaguirre, conocido como Virulazo. En 1990 los bailarines Miguel Angel Zotto y Milena Plebs fundan la compañía Tango X 2, generando una nueva corriente de gente joven que se inclina por el baile del tango.

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La musica del Tango

Carlos Gardel.
Los más antiguos compositores e interprétes de tango que se conocen aparecieron en las dos primeras décadas del siglo XX. En el Museo de la Partitura Histórica (de Rosario) se encuentra el primer tango registrado como tal, La Canguela, de 1889. El primer tango con autor conocido es El entrerriano, de Rosendo Mendizábal, publicado en 1898. Ángel Villoldo, Roberto Firpo y Francisco Canaro fueron famosos y populares autores e intérpretes de tango.

En aquellos años, en los que los hijos de familias ricas llevan a París el tango que habían aprendido en su frecuentación de los lupanares, comienza una nueva era para el género, con el aporte de músicos mejor preparados y la incorporación de letras evocativas del paisaje del suburbio, de la infancia y de amores contrariados.

Carlos Gardel es el mejor y el más recordado cantante de tango de los años veinte y treinta. Muchos de los temas que interpretaba los compuso él mismo y encargó sus letras a su inseparable compañero Alfredo Le Pera. Gardel, que comenzó su carrera en comités políticos de los suburbios fabriles de Buenos Aires, cantó en París y en Nueva York, filmó varias películas en los Estados Unidos y murió en un accidente de aviación en Medellín, Colombia. Entonces se convirtió en un mito para los argentinos.

Músicos como Pascual Contursi, Juan Carlos Cobián, Julio De Caro, Osvaldo Fresedo, cantantes como Ignacio Corsini, Sofía Bozán, Rosa Quiroga, Agustín Magaldi, integraron lo que se conoció como la «nueva guardia» del tango en aquella época.

La del cuarenta fue una década dorada para el género, que se interpretaba ya en locales nocturnos de lujo, cuyos ambientes alimentaron a su vez a los letristas, que en sus versos contraponían el lujurioso cabaret y los desbordes de la vida nocturna a la infancia en el arrabal, paisaje éste que adquirió entonces ribetes míticos de paraíso perdido.

Grandes orquestas, como las de Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Carlos Di Sarli, Horacio Salgán, actuaban a la vez en los cabarés del centro y en salones barriales, y, con ellos, creció enormemente la industria discográfica en la Argentina. Letristas de gran vuelo —Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi, Enrique Cadícamo, Cátulo Castillo— dieron al tango composiciones inolvidables, signadas por la amarga crítica de costumbres (Discépolo), el matiz elegíaco y las metáforas inspiradas en grandes poetas (Manzi, Castillo), la recurrente pintura de ambientes sofisticados con resonancias del poeta modernista Rubén Darío (Cadícamo). Notables cantantes de la época fueron el Polaco Goyeneche, Ángel Vargas y Edmundo Rivero.

A partir de los cincuenta y sesenta, surge un tango «de vanguardia».

En 1948 Mariano Mores forma su propio grupo y ese mismo año debuta en la sala del Teatro Presidente Alvear, al frente de una gran orquesta.

Otra figura muy notable es Ástor Piazzolla: influido por músicos como Igor Stravinski y Béla Bártok, Piazzolla introduce armonías disonantes y bases rítmicas intensas y nerviosas en un género cuyos cultores tradicionales se abroquelaron para criticar esas innovaciones, finalmente aceptadas. Muchos de los músicos de tango posteriores siguen la senda piazzolliana, sin olvidar a grandes músicos anteriores, principalmente Troilo y Pugliese, y a un virtuoso incomparable, Salgán.

Desde hace pocos años (comenzando precisamente a partir de determinados períodos de la obra de Astor Piazzolla) se observa que el fenómeno de aculturación mundial que deriva en fusiones musicales entre lenguajes, si bien de origen geográfico cierto, considerados como universalmente difundidos (jazz, rock, música electrónica) y músicas étnicas o locales, también ha llegado al tango. Se trata de fusiones del tango con el jazz, el rock y la electrónica, siendo esta última la más difundida, con ejemplos tales como Bajofondo Tango Club, Tanghetto o Gotan Project. Entre aquellos que fusionan con el jazz, podemos encntrar a Adrián Iaies o al saxofonista Miguel De Caro, entre otros. Además existen diversas orquestas en su mayoría conformadas por jóvenes músicos que pretenden rescatar y reinterpretar con nuevos códigos los tangos clásicos, entre ellas se destaca la Orquesta Típica Fernandez Fierro

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Origen de la musica del Tango

tiene un origen no muy claro. Según estudios que no cuentan con numerosa documentación, desciende de la habanera y se interpretaba en los prostíbulos de Buenos Aires y Montevideo, en las dos últimas décadas del siglo XIX, con violín, flauta y guitarra. El escritor y polemista argentino Jorge Luis Borges afirmó que por sus características el tango sólo pudo haber nacido en Montevideo o Buenos Aires. El bandoneón, que actualmente caracteriza el tango, llegó hasta la región del Río de la Plata hacia 1900, en las valijas de inmigrantes alemanes. No existen muchas partituras de la época, porque los músicos de tango no sabían escribir la música y probablemente interpretaban sobre la base de melodías existentes, tanto de habaneras como de polkas.Al tango se le conoce como música de dos por cuatro, o sea en compás de dos cuartos (2/4). Pero en realidad la mayoría de los tangos —tanto los de la Guardia vieja (de antes de 1935) como los tangos posteriores— están en compás de cuatro cuartos (4/4).

A este género, música y danza prostibularios se les aplicó (aproximadamente en la segunda mitad del siglo XIX) el nombre despectivo «tangó» quizá porque en su carácter reservado y secreto se parecía a las reuniones donde los negros (que por entonces formaban un buen porcentaje de la población de Buenos Aires, y que representan una influencia fundacional de la cultura montevideana) se juntaban a tocar y bailar su música. Tangó: golpe de tambor en el candombe uruguayo, principal corriente musical junto con el tango.

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Origen del nombre Tango

El término parece provenir del idioma ibibio (de Níger y Congo) tamgú: ‘tambor’ y ‘bailar (al son del tambor)’. Se desconoce a ciencia cierta si la palabra española tambor proviene de este ibibio tamgú o del árabe hispánico tabal. En Buenos Aires se creía que los negros llamaban a su instrumento tangor porque tenían dificultad para pronunciar tambor.

En el siglo XIX, en la Isla de Hierro (una de las islas Canarias) y en otros lugares de América, la palabra tango significaba ‘reunión de negros para bailar al son del tambor’.

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Tango

El tango es un estilo musical y baile, difundido internacionalmente, de pareja enlazada. Tiene forma musical binaria y compás de dos por cuatro. La coreografía es compleja y las habilidades de los bailarines son celebradas por los entendidos.

Fuente wikipedia

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Bienvenido a Tango Granada

En este blog relatare mis experiencias con el Tango, ese bailar abrazados.

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